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La hinchada tatengue no deja de festejar su magia, su velocidad y sus 15 goles en UNION. También lo festejan en Villa Ocampo, el interior del interior, de donde vino con su padre a probar suerte como tantos otros chicos. Recorrió con su papá esos 400 kilómetros que separan su pueblo norteño de la ciudad de Santa Fe y se instaló en el barrio Barranquitas, con sus calles aún impregnadas de Salado. Nunca olvidará a sus abuelos de fierro, Ramona y Genaro, quienes moldearon sus valores desde que era un bebé, y su madre que partió rumbo a Buenos Aires para no volver. Temperamental y protestón, pero dueño de una calidad envidiable. Ese es César Pereyra, que con 23 años recién cumplidos no sabe qué hubiera sido de él si no fuera por el fútbol. De pibe no le sacaban la pelota. Hoy no le pueden sacar sus ilusiones.

-¿Cuándo fue tu primer contacto con la pelota?
-Fue en Villa Ocampo, cuando tenía un año y empecé a caminar. Después, un tipo me llevó a un club, Huracán de Villa Ocampo. Tenía 8 ó 9 años. Al tiempo, mi viejo me cambió de club, me fui a la contra, Ocampo Fábrica, hasta que me vine acá.

-Viniste a UNION.
-Si. Vine a jugar un torneo del Argentino B. Era Gimnasia de Ciudadela contra Guadalupe. Alberto Ramello y Miguel Oyeras fueron a mirar el partido. Me hicieron una prueba y quedé. Fue el 2 de marzo de 2000. Tenía 18 años.

-¿Te acordás de tu debut en UNION?
-Creo que fue en abril de 2002 ante Independiente, un domingo a la tarde. Estaba (Darío) Kudelka. El partido terminó 0 a 0. Se lesionó Perezlindo y entré 25 minutos. Después jugué recién al otro año, también contra Independiente y porque se lesionó Perezlindo. Qué casualidad, ja, ja. Ahí sí jugué de titular, estaba J.J. López. Perdimos 1 a 0 con gol de Insúa. En ese momento era complicado, había muchos jugadores grandes que, como siempre, tapan a los chicos y por ahí no teníamos la posibilidad. Cuando me tocó jugar de titular era otra cosa. Jugué la última fecha con Estudiantes, ya estábamos descendidos, pero al menos me quedó el hecho de jugar en Primera División.

-¿Cuál fue tu primer gol en UNION y cuántos llevás?
-El primer gol fue en el Nacional B contra Argentinos Jrs, empatamos 2 a 2 faltando segundos para que termine y de cabeza. Fue el más lindo y el más importante, aparte fue de cabeza. Debo tener unos 15 goles en total.

LA HINCHADA DE UNION...

"...tiene un aguante impresionante. Hay que ponerse en la piel del hincha cuando putea, las cosas no salen y se pone impaciente, y tiene toda la razón del mundo. La gente nos apoya en todos los partidos y a mí se me pone la piel de gallina. Hace un gol mi compañero y veo que lo gritan todos, me voy a abrazarlo y me recorre un escalofrío... ni te digo cuando la tengo yo a la pelota o hago un gol.. es algo muy lindo."

-¿Cuál es el gol que soñás hacer?
-Sería en un clásico, con lo que eso significa, y mucho más lindo cuando se lo hace sobre el final y definís el partido con ese gol. Es lindo hacer un gol cuando termina todo, que ganés con ese gol o que se gane el campeonato, o salvarse del descenso como el gol que hizo el Memo (Torres).

-¿Cómo evaluás esta etapa de UNION?
-Se salió de lo mal que se venía pero había expectativas muy buenas con el cuerpo técnico que nos había salvado del descenso, quizás por ahí no se dieron los resultados que todos querían. Creo que ahora se está mejorando un poco. Uno se da cuenta de que hay plantel como para pelear un campeonato y no el descenso otra vez.

-¿Te vas mal de la cancha cuando hacés un buen partido pero te faltó el gol?
-Sí, uno se pone contento si el equipo gana, pero por ahí hacés un buen partido y te falta el gol. Quizás no tenga tantas oportunidades porque siempre trato de dársela a mis compañeros y las pocas que tengo no la puedo meter. Sé que tengo un defecto: protesto con uno o me enojo con un compañero cuando no me la da.... Sé que tienen razón cuando me dicen que tengo que cambiar y que quizás en otro club haciendo eso no me va a ir bien, pero yo lo vivo así. Soy conciente de mis errores y los tengo que corregir, pero es difícil. Más en esta categoría, donde te pegan mucho.

-¿De qué técnico o jugador aprendiste más?
-De todos los técnicos sacás un poquito, más con nosotros que cambiamos de técnico a cada rato (risas). El que más me marcó fue Miguel Oyeras, porque es el que me trajo. Y entre los jugadores, Roberto Trotta. El día que me tocó patear el penal a mí y vino a pedirme patearlo él, pensé 'él pateó un penal en la final del mundo contra el Milan y no le voy a dar para que patee un penal en el Nacional B...' Me quedó esa anécdota de decir: 'el campeón del mundo me pidió patear el penal' Tenerlo jugando al lado mío es un orgullo.

EN TRISTAN SUAREZ...

"...de lo que más me acuerdo y que no quiero volver a vivir, es estar en el vestuario de Tristán Suárez por ejemplo. Esas cosas no las quiere vivir nadie. Ahí te das cuenta lo bajo que se cae. Es un vestuario re chiquito, sucio, no tenía nada, nos chocábamos adentro, estar peleando un descenso a la B Metropolitana es algo muy feo. Creo que ninguno de mis compañeros quiere volver a vivir"

-¿Cómo se vive el saber que tenés calidad para estar jugando en Primera, cuando todos te lo dicen y ves que pasan los años?
-Si uno entra a volar, cuando se cae puede ser un golpe muy fuerte. Por supuesto que no puedo evitar leer un diario, escuchar que habla el técnico, o un compañero o un periodista, pero trato de mantenerme lo más tranquilo posible. Sé que puedo dar mucho más, trabajo para eso.

-¿Qué tiene y qué puede mejorar este equipo para tener grandes aspiraciones?
-Todos los días se mejora, más allá de que hayamos ganado estos partidos, tampoco éramos el Manchester por venir bien, ni somos malísimos por perder un partido. Quizás lo que nos falta es ser más regular a lo largo del torneo.

César es uno de los pocos pibes en el fútbol argentino que puede jactarse de haber terminado la escuela secundaria. Además hizo cursos de informática y nunca dejó de capacitarse. Está orgulloso de eso. También está orgulloso de ser uno de los pocos argentinos que vive de lo que le gusta. Sueña un futuro mejor, quién no. Dice que los primeros años en Santa Fe fue "vivir con lo justo, al día" y que ser jugador de fútbol costó mucho sacrificio a él y a su papá, con quien actualmente vive.
César la peleó desde una infancia humilde, creció sabiendo que un estudio universitario era demasiado caro para sus abuelos y se apostó al fútbol, como esos cientos de pibes que llegan a Santa Fe o Rosario tras un sueño de Primera. "Hay que tratar de aprovechar al máximo para el día de mañana tener mi familia, mi casa y estar tranquilo", dice César, humilde, pausado y seguro de lo que hace, seguro de lo que le espera.

Araceli Retamoso - Alejandra Pautasso
Para Tatengues.com
09/12/2004