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1979: UNION Sub-Campeón

La primera etapa:

Aquella noche del miércoles, todavía es refrescada en cada momento por los simpatizantes unionistas. Era precisamente cuando comenzaba a disputarse los cuartos de final y se esperaba la visita de Talleres de Córdoba. Era solamente tres días de aquella clasificación lograda con desesperación. Era el inicio de la etapa mas difícil del torneo, en un diciembre agobiante. Aquel miércoles, minutos antes de las 21 horas, ingresaron los equipos a la cancha recibidos jubilosamente por sus hinchadas. Unión con su tradicional camiseta rojiblanca y la esperanza de cumplir un buen papel en los cuartos de finales. Talleres, con su divisa albiazul y el impostergable compromiso con todo el país de alcanzar el campeonato. Y también estaba el árbitro, los fotógrafos, y la gente ahogada en las tribunas, pero anhelante. Nadie, absolutamente nadie de quienes observaban el partido presagiaban el desarrollo del mismo. Solamente los jugadores de Unión, y su cuerpo técnico creían mas allá de sus propias fuerzas, de sus reiteradas limitaciones. Ni siquiera Talleres creía en Unión. Y por eso la solución estaba en un empate. Y el equipo rojiblanco, el modesto grupo de jugadores y amigos, el que supera sus falencias con una impecable disciplina táctica, hizo desnudar durante noventa minutos la nerviosidad del equipo cordobés y al mismo tiempo vislumbrar grandes esperanzas en el futuro inmediato. Porque Unión borró de la cancha a la Vedette y protagonizó uno de los mejores partidos del campeonato. Un tres a cero lapidario para las intenciones cordobesas y más allá del halago la posibilidad de ser semifinalista. Lo que fue el partido no es necesario analizarlo. Solo interesa decir que Unión jugó y goleó y que Talleres resignó en la Av. López Y Planes un año más de pretensiones. Quizás allí aprendió el equipó de la docta, que los errores que se cometen son los que maduran las grandes experiencias. La agobiante noche del miércoles quedo atrás, después de que el simpatizante unionista invadiera la ciudad de euforia y se embriagara de felicidad. El gran triunfo marcaba la gran oportunidad de arribar a las finales del Nacional, porque el estado de ánimo era inmenso y la motivación que reinaba en los jugadores y su hinchada era incalculable. Así despertó Santa Fe el jueves de Diciembre. Con el rostro alegre, con las calles desgastadas de bocinazos, de goles y de alegría. Unión había ganado y goleado al promocionado Talleres. La gloria estaba más cerca. Pero llegó la revancha, al próximo domingo en un estadio cubierto de esperanzas y de duda. Más allá del fanatismo de los cordobeses y de la fe (casi perdida) hacia su equipo, nadie creía en la posibilidad e golear a Unión y clasificarse. La empresa era muy difícil, por eso después de que ingresaron los equipos y fueron recibidos por sus hinchadas, surgió en el estadio un profundo silencio. Los nervios y la ansiedad también disputaban su partido. El sol cordobés alumbraba con fuerza después de una fuerte lluvia caída durante la noche anterior. Los equipos jugaban su futuro. El de Talleres era más crítico que el de Unión. El público seguía con nerviosas atención cada jugada. Y hasta los treinta minutos Unión había manejado el partido a su medida, apareció el gran Talleres que en quince minutos finales dio la emoción que el estadio necesitaba, dos goles y un penal malogrado y la posibilidad de alcanzar la victoria y los goles necesarios. por eso el segundo tiempo estuvo rodeado de tensión. Por eso los jugadores locales se olvidaron de jugar al fútbol para buscar el gol a través de cualquier escusa o de cualquier duda del arbitro. Pero el hombre de negro fue implacable y sepultó las ambiciosas esperanzas El final quedará grabado en la historia del fútbol argentina. Por un lado por la euforia rojiblanca. Por el otro lado, el lamentable episodio que protagonizaron dirigentes y jugadores de Talleres al agredir salvajemente al señor Carlos Espósito. Pero eso quedará en los anales del Tribunal de penas. A nosotros nos importaba lo otro. La clasificación y la ilusión de ser finalista. Así fue como el sol se despidió del Chateau Carreras y dejó que las sombras fueran testigos del martirio cordobés. Pero lo trascendente es que ese mismo sol se fue a Tucumán, para seguir compartiendo la alegría rojiblanca.


La segunda etapa:

Y desde Córdoba hubo que tomar rumbo al Jardín de la República. La hermosa capital tucumana sería testigo tres días más tarde de otra resonante victoria rojiblanca. Otra vez la lluvias como elemento aleatorio. Otra vez el grupo humano de jugándose otra partida. La convicción de no tener que perder, de tratar de arribar a un empate, a través del sacrificio, de pulmones inflados, de piernas fuertes. Unión quería llegar a la final, más aún después de haber destronado de su falso pedestal a Talleres. Pero Atlético era un equipo duro, homogéneo, capaz de amargar la vida a cualquiera. Y bajo otra llovizna tucumana empezó el otro desafío con el tiempo, el cansancio y la historia del futbol santafesino. Hubo que aguantar los primeros minutos, esperando a un Atlético avasallante. Pero el partido mostraba un aguerrido bloque de camisetas rojiblancas y el local resignó su suerte a los pocos minutos. Y después el zarpazo de Unión ante un tiro libre de Regenhardt y la embestida de Alí. Entonces no solo se iba empatando, sino también ganando. Por eso había que aguantar más que antes, al adversario, a la lluvia, a la gritería del público. Así hasta minutos antes de finalizar el partido, hasta que Pitarch clavara otras estocada en el orgullo tucumano. Y las esperanzas de los locales se derrumban, y la ilusión de Unión que crece como un torrente cordillerano en época de deshielos. Al próximo domingo otra fiesta de fútbol santafesina. Nuevamente Atlético a jugar su partido de compromiso y a esperar de algún milagro. Unión motivado, agrandado, audaz, salió a apabullarlo de entrada. Y así fue que a los pocos minutos ya había logrado el gol de la tranquilidad. Entonces sí comenzó la fiesta de la tribuna, que luego se traslado al corazón de la ciudad. Toda la tarde vestida con los colores rojo y blanco. toda la alegría de una familia se estaba dando cuenta recién en ese preciso momento de la dimensión de ese Unión pequeño, modesto, de ese Unión que se aferraba más a la posibilidad del campeonato. Santa Fe seguía viviendo su fiesta. Los tucumanos ya se habían resignado. La hinchada quería goles para alimentar su alegría. Por eso no extrañó ese bombazo inolvidable de Mazzoni para ofrendárselo a su hinchada y enarbolar la victoria en el lugar más alto de la vida unionista. El fútbol de siempre, como siempre, llenaba otra vez de alegría los rostros de la gente. El fútbol de unión, en homenaje a una ciudad que siempre esperó ansiosa una oportunidad como esta, la de jugar por primera vez una final en los campeonatos afistas.


La tercera etapa:

Y llego la tercera etapa. La decisiva. La que todos esperaban y que quince días antes nadie creía. Los titulares de los mas importantes diarios del país expresaban lo siguiente "UNION - RIVER la primera final en Santa Fe". Unión: Quién diría que un modesto equipo iba a llegar tan lejos?. Pero es que Unión no creyó en las condiciones que supieron imponer los periodistas. Unión no supo guardar respeto por nadie, como así tampoco el contrario se lo guardaba a él. Por eso, por menos preciarlo, Talleres quedó en el camino. Por eso, por olvidarse de su estilo y copiar otro también quedo en el camino Atlético. Ninguno de los dos tuvieron la personalidad necesaria. Unión sí, porque creyó en todo momento en sus propias fuerzas, porque fue consciente en todo momento de sus propias limitaciones. Y porque a ese equipo le sobró inteligencia como para corregir a tiempo sus errores y explotar sus virtudes al máximo. Por todo lo vivido, por todo lo luchado, estuvo en la final De River, no podemos decir nada nuevo. tan solo expresar que era el mejor equipo del país, con las mejores posibilidades. Pero vino a Santa Fe a jugar de contragolpe, a buscar un cero a cero que le diera tranquilidad en la revancha. En Santa fe, en una noche agobiante y muy parecida a la vivida frente a Talleres, se escribió la historia de la primera final. El resultado fue un accidente. Debió ser de Unión pero el destino quiso que sobre la hora River encontrara su empate. Quizás la suerte esta vez no estuvo del lado de Unión, pero sobraron ganas, pulmones, y toda la alegría que demostró antes, durante y después la familia rojiblanca. Porque más allá del resultado se había visto por primera vez una final de fútbol en esta cordial ciudad santafesina. Y eso ya es demasiado halago, aunque no se haya podido lograr el triunfo anhelado por todos. De la segunda final queda ese sabor amargo de un campeonato regalado que mostró la hinchada millonaria. Por que todo Bs As fue a presenciar la gran fiesta del fútbol del equipo de Labruna y los goles de Passarella, Luque, Alonso; y se quedó asistiendo en el más profundo silencio, al esfuerzo de Unión en tratar de quebrar el cero a cero y llevarse el campeonato para Santa Fe....Y si realmente falto muy poco, si en verdad Unión lo merecía mas que River, eso queda en las estadísticas. Sólo nos quedará grabado a nosotros la euforia de una ciudad que vivió su época mas gloriosa, nos quedará el recuerdo de ese fantástico grupo humano que cooperativizo todos sus esfuerzos para llegar mas lejos que ninguno, para dar la alegría sin precedentes al fútbol santafecino. La gran noche frente a Talleres, las increíbles tardes en Jujuy, en Córdoba. la nostálgica tarde en Tucumán y la ingrata ceremonia nocturna frente a River, todas esas etapas, mas la de ese domingo en víspera de Navidad, allá en el monumental, sirven para engrandecer al rica historia unionosta. No alcanzo para ser campeones. Pero sí alcanzó para la gloria, para tocar el cielo con las manos. Y de eso, ni los jugadores, ni los dirigentes, ni toda la familia rojiblanca, se olvidará jamás.

¡UNION SUBCAMPEON 1979!