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1977: Los primeros Riesgos

La crisis económica que vivían las instituciones del país comenzó a acrecentarse a partir de ese año. Entonces, ante esa difícil perspectiva, Unión adoptó una política conservadora, tratando de mantener el mismo plantel y buscando reiterar otra buena campaña.

Pero sobre el cierre del libro de pases se vendió a Marchetti, y se trajo a Carlos María García Cambón, el hombre de Boca Juniors. Además se fueron Palmieri, Silguero, Bongiovani, Valdivia y Garello. En reemplazo de ellos llegaron Agustín Irusta, Olivera y Alí de Comodoro Rivadavia, José María Martínez del exterior. El Director Técnico fue Oscar Cadars.

En síntesis, la ida de Marchetti resquebrajo la estructura rojiblanca, que en ningún momento del año pudo solucionar García Cambón, un hombre que estuvo siempre lesionado. Pero si bien el equipo quiso mantener una filosofía definida, que venía arrastrando de los años anteriores, el equipo nunca llegó a estar bien parado en la cancha y además la suerte se colocó en la vereda de enfrente, porque jamás transitó por la senda rojiblanca.

Se perdieron puntos imposibles al comienzo del campeonato y promediando la segunda rueda surgió la sombra del descenso. No era un riesgo que estaba en los planes de Unión, más aún después de la política que habían establecido los dirigentes en 1974, cuando se ganó el último ascenso. Pero el riesgo estaba allí, presente, amenazante. Si mirábamos la tabla en aquella oportunidad nos dábamos cuenta que salvo cinco o seis equipos que luchaban por el campeonato, los demás, o sea el 70 por ciento de los participantes, corrían el riesgo del descenso.

Por eso se hizo un campeonato duro, nerviosamente jugado, tratando de conquistar el punto salvador. De nada servía la experiencia de Telch de nada los electrizantes goles de Trossero, de nada la regularidad de Merlo, Bottaniz o el chico Hugo López. Unión se reflejaba en el espejo de la incertidumbre y había que transformar de alguna manera esa imagen desalentadora. Llegó Roberto Ferreiro, le dio más convicción al equipo, le renovó el estado de animo y poco a poco se logró resurgir.

Los triunfos trascendentes frente a Lanús y Ferrocarril Oeste en Buenos Aires le otorgaron al equipo el derecho a mantener la categoría y terminar, en la última fecha, en el décimo lugar.

En definitiva, 1977, fue un año de riesgos que fueron superados en el momento justo. Un llamado de atención a los dirigentes para que en los futuros campeonatos no surja nuevamente este problema acuciante que, en ese año, por distintas razones, amenazó seriamente la estructura rojiblanca.

Así se despidió el año. Después de un Metropolitano muy accidental, y un Torneo Nacional sin demasiadas pretensiones donde se le dio oportunidades a los juveniles de las inferiores. Un año superado con sacrificio y que sirvió de experiencia a todos, tanto a los dirigentes, como jugadores y simpatizantes rojiblancos.