Fecha de la Columna: 22-04-2002


ADIOS AL AMIGO



Foto de la primer reunión de Cybertatengues. Aquel 27 de noviembre de 1997, Luis "Cacho" Rozzi aparecía con su familia para formar parte del nacimiento de nuestra Agrupación y quedarse con nosotros para siempre. En la foto, el querido "Cacho" de pie, abrazando a Esteban, Eduardo de Australia y a Ricardo.
Nuestros brazos cansados no resisten más, marcados y casi vencidos a duras penas logran contener los crueles e impiadosos golpes que caen sin cesar y cuando pensamos que la realidad ya no puede sorprendernos, el mazazo brutal golpea hasta dejarnos sin aliento. Atontados, consternados y sorprendidos nos recorre un escalofrio paralizante. De cabeza gacha y mirada turbia nos encuentra el exabrupto que fluye en un vano intento por exteriorizar la bronca, la tremenda impotencia que nos genera conocer la infausta noticia. Cachorro se fue, sorpresivamente a enfrentar su destino, y ni siquiera aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo imaginamos las dimensiones del vacío que se abrirá tras su ausencia. Referente obligado en cuanta convocatoria nos reuniera, docente inclaudicable y a través del tiempo, amigo entraņable, estará seguramente compartiendo junto a quien quiera escucharlo su orgullo por haber tenido la inmensa dicha de haber visto jugar al más grande. Destellaran luces en su enormes ojos claros al evocar alguno de aquellos innumerables recuerdos que atesoraba con pasión y acomodándose tras sus raidos anteojos, surgirán a borbotones impacientes y sesudas palabras mencionando una y otra vez a Greco, Micci, Edwards, Brattina, el indio Mieres, Bruzzone, "Pichón" Vitale y el mítico fastasma Ruiz. Con seguridad volverá a recordar emocionado aquella tarde del '36 cuando su padre lo llevara en brazos por primera vez al viejo estadio, que solo contaba con la eterna techada y sus laterales. El mismo que rodeara el viejo tranvía número tres y cuyas entradas eran dos interminables pasillos junto a la reja principal que desembocaban en el talud de tierra, detrás del arco de las bombas, cuando la Pujato eran solo tres pinos solitarios que daban sombra a los más audaces y la mítica redonda tomaba forma con sus escalones de dimensiones escalofriantes. Les hablará de cuadrangulares inolvidables, de los innumerables quioscos en donde compraba las revistas que alimentaron sus fantasias, de aquella tarde cuando el gerente Machado durmiera de un trompazo al deshonesto Máximo Aguirre por entregarnos alevosamente contra los cervezeros y él tuvo que refugiarse tras un rollo de la cancha de tenis escapando de la brutal represión de los temibles escuadrones montados y el incesante fuego cruzado de la masa encolerizada. Guardará un parrafo especial para el "flaco" Virgilio Acosta y su socio Julio Avila en el forzado éxodo colombiano, tal véz se detenga un segundo analizando el por qué últimamente se nos han hecho tan esquivos los clásicos antes de marcar diferencias entre los actuales jugadores y aquella banda de ilustres que arrastrara el Toto Lorenzo en el setenta y cinco. Mate en mano evitará que sus ocasionales interlocutores lo abandonen, susurrándole apenas afinado los viejos cantos de la hinchada y con una pícara sonrisa cómplice les confiará cuantas veces lo llamaron al orden por escabullirse con esa hija veneno que le otorgó la vida, tras los erráticos pasos del Tate, de estadio en estadio a través de la provincia, recorriendo el país. Quiero creer que ya se habrá integrado a esa legendaria peņa que alberga el cielo donde memorables personajes que comparten su cuna rojiblanca, sufren, alientan y se desesperan con nuestro presente... y les envidio su suerte, desde hoy disfrutarán de la invalorable compañia de Luis Rozzi. Un Cacho grande de la historia de Unión, un tatengue extraordinario e inolvidable.
Un abrazo rojiblanco
El Pelao