

Foto
de la primer reunión de Cybertatengues. Aquel 27
de noviembre de 1997, Luis "Cacho" Rozzi aparecía
con su familia para formar parte del nacimiento de nuestra
Agrupación y quedarse con nosotros para siempre.
En la foto, el querido "Cacho" de pie, abrazando
a Esteban, Eduardo de Australia y a Ricardo. |
Nuestros
brazos cansados no resisten más, marcados y casi vencidos
a duras penas logran contener los crueles e impiadosos golpes
que caen sin cesar y cuando pensamos que la realidad ya no puede
sorprendernos, el mazazo brutal golpea hasta dejarnos sin aliento.
Atontados, consternados y sorprendidos nos recorre un escalofrio
paralizante. De cabeza gacha y mirada turbia nos encuentra el
exabrupto que fluye en un vano intento por exteriorizar la bronca,
la tremenda impotencia que nos genera conocer la infausta noticia.
Cachorro se fue, sorpresivamente a enfrentar su destino,
y ni siquiera aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo
imaginamos las dimensiones del vacío que se abrirá
tras su ausencia. Referente obligado en cuanta convocatoria nos
reuniera, docente inclaudicable y a través del tiempo,
amigo entraņable, estará seguramente compartiendo junto
a quien quiera escucharlo su orgullo por haber tenido la inmensa
dicha de haber visto jugar al más grande. Destellaran luces
en su enormes ojos claros al evocar alguno de aquellos innumerables
recuerdos que atesoraba con pasión y acomodándose
tras sus raidos anteojos, surgirán a borbotones impacientes
y sesudas palabras mencionando una y otra vez a Greco, Micci,
Edwards, Brattina, el indio Mieres, Bruzzone, "Pichón"
Vitale y el mítico fastasma Ruiz. Con seguridad volverá
a recordar emocionado aquella tarde del '36 cuando su padre lo
llevara en brazos por primera vez al viejo estadio, que solo contaba
con la eterna techada y sus laterales. El mismo que rodeara el
viejo tranvía número tres y cuyas entradas eran
dos interminables pasillos junto a la reja principal que desembocaban
en el talud de tierra, detrás del arco de las bombas, cuando
la Pujato eran solo tres pinos solitarios que daban sombra a los
más audaces y la mítica redonda tomaba forma con
sus escalones de dimensiones escalofriantes. Les hablará
de cuadrangulares inolvidables, de los innumerables quioscos en
donde compraba las revistas que alimentaron sus fantasias, de
aquella tarde cuando el gerente Machado durmiera de un trompazo
al deshonesto Máximo Aguirre por entregarnos alevosamente
contra los cervezeros y él tuvo que refugiarse tras un
rollo de la cancha de tenis escapando de la brutal represión
de los temibles escuadrones montados y el incesante fuego cruzado
de la masa encolerizada. Guardará un parrafo especial para
el "flaco" Virgilio Acosta y su socio Julio Avila en
el forzado éxodo colombiano, tal véz se detenga
un segundo analizando el por qué últimamente se
nos han hecho tan esquivos los clásicos antes de marcar
diferencias entre los actuales jugadores y aquella banda de ilustres
que arrastrara el Toto Lorenzo en el setenta y cinco. Mate en
mano evitará que sus ocasionales interlocutores lo abandonen,
susurrándole apenas afinado los viejos cantos de la hinchada
y con una pícara sonrisa cómplice les confiará
cuantas veces lo llamaron al orden por escabullirse con esa hija
veneno que le otorgó la vida, tras los erráticos
pasos del Tate, de estadio en estadio a través de la provincia,
recorriendo el país. Quiero creer que ya se habrá
integrado a esa legendaria peņa que alberga el cielo donde memorables
personajes que comparten su cuna rojiblanca, sufren, alientan
y se desesperan con nuestro presente... y les envidio su suerte,
desde hoy disfrutarán de la invalorable compañia
de Luis Rozzi. Un Cacho grande de la historia de Unión,
un tatengue extraordinario e inolvidable.
Un
abrazo rojiblanco
El Pelao
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